04.08.08
El móvil
¿Qué hacer?
JUAN JOSÉ MILLÁS 04/04/2008

Estábamos aún en trance de resolver qué destino dar a los zapatos del difunto, a sus trajes, a sus corbatas, a su reloj, a sus cinturones y a su máquina de afeitar, cuando apareció en un bolsillo de la chaqueta, al amortajarle, este trasto, el m
óvil, con la agenda del finado, con sus mensajes de entrada y de salida, con sus borradores, con su relación de llamadas (la mayoría, perdidas), su calendario, su álbum de fotografías personal, sus correos electrónicos, su despertador, sus archivos, sus ajustes, su navegador… Dios mío, si parece una sucursal del fallecido, una dependencia de sus intereses, una delegación de su existencia. Parece, más que un aparato, un órgano extrañamente vivo todavía del desaparecido. Aunque extinto, continúa viviendo en su móvil, en donde no dejan de entrar mensajes de amantes o clientes o amigos que aún no han recibido la noticia.
¿Qué hacer con ese móvil que palpita en nuestras manos como un corazón recién arrancado de su pecho? ¿Sería lícito revisar sus mensajes, atender sus llamadas, contestar sus correos? ¿Deberíamos dejarlo fallecer poco a poco, de modo que su final coincidiera con el agotamiento de la batería, o sería mejor arrancársela de golpe, como el que retuerce el gaznate a una gallina? ¿Lo damos de baja ya o esperamos un poco, por si entrara una llamada importante? ¿Lo enterramos en el jardín, como el que entierra un miembro amputado, o se lo trasplantamos, como el que trasplanta un hígado, a uno de sus deudos? ¿Qué hacer con el móvil de un muerto cuando suena en medio de la noche, a los dos días de haberle dado sepultura? ¿Contestar la llamada, ignorarla, rechazarla? ¿Qué hacer después con nuestro insomnio? No habíamos sido capaces de resolver el problema de los zapatos (siete pares, algunos muy viejos), cuando viene el maldito móvil a complicarnos la existencia.
04.02.08
Ecología y economía
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El tonto aquel
DAVID MIZUKUBO TARIFA - Madrid – 25/03/2008
Yo soy el tonto aquel con tres cubos de basura en su diminuta cocina para reciclar el vidrio,el papel y el PVC. Yo soy el tonto que utiliza las hojas de papel por las dos caras. Yo soy el tonto que cierra el grifo mientras enjabona los platos. Y el que ha pasado a ducharse en vez de bañarse. Yo soy el tonto que ha amansado su forma de conducir para reducir su consumo. El tonto del transporte público. El que ha cambiado el coche por el carrito para ir a la compra. Incluso el que va en bicicleta al trabajo. Yo soy el tonto que antes de irse a la cama desenchufa televisiones, ordenadores y cualquier electrodoméstico que tenga encendido un piloto de luz.
Y créame que lo llevo bien, aunque sólo sea por lo que ha bajado mi factura de la luz. Pero puede que por ser tan tonto no entienda que mi empresa de gas haya comenzado una acción de marketing en la que anima a aumentar el consumo para, así, poder acumular puntos canjeables por regalos.
Y precisamente son a este tipo de empresas a las que pido que, ya que su lucro es inversamente proporcional a mi salud, la de mi familia y la de este planeta sentenciado, al menos tengan el buen gusto de volverse a poner sus máscaras de empresas concienciadas con el medio ambiente, y sigan con ese carnaval de anuncios de postal con el que nos bombardea el eco-marketing a diario.
